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lunes, 3 de marzo de 2014

Mundo

La ventana está cerrada para que no entre el frío, y los instrumentos de cuerda que acompañan "Why should I cry for you?" suenan impecables. Me gusta esta canción; Sting es como ese señor con mirada de haber vivido, y que te quedarías a escuchar sus batallitas toda la tarde sentados en un sofá alrededor de una hoguera.
Joseph juega a la videoconsola; llega cansado de su club de scouts y se lo permito. Siempre se le dará mejor controlar ese maldito joystick que un bolígrafo y una goma.
Al otro lado del mundo el ejército ruso aprovecha la debilidad de un país valiente que ha luchado por cambiar, y la amenaza de guerra se cierne sobre ellos, y yo solo espero que todo se arregle. Miguel Hernández dijo en un poema "tristes guerras, si no es amor la empresa; tristes armas si no son las palabras; tristes hombres si no mueren de amores". Y el mundo se balancea.
El otro día escuche a un famoso y reconocido arqueólogo, Eudald Carbonell, anunciar el fin de una era; estaba absolutamente convencido de que uno de los cambios más importantes en la historia de la humanidad iba a producirse en este siglo, debido a un sistema obsoleto que se encuentra en proceso de "muerte térmica", el capitalismo.
En Ceuta siguen volando pelotas de goma, y en los telediarios mentiras, y "Calle Mayor" por desgracia nunca pasa de moda.
Y así gira el mundo, en una esquina galletas de barro, en la otra diamantes sobre alfombras rojas, o mujeres de compañía pagadas por magnates.


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